“Da impotencia la inseguridad tan grande que hay en esta zona que se mueve por la madera”

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Las ganas de trabajar y de hacer cosas nuevas no paran en Juan Navarrete, Contratista Forestal de Collipulli. Este agricultor y empresario contratista de espíritu emprendedor y creador de oportunidades para la gente de Collipulli, cree que no se le da la importancia a la cadena de la madera, el aserrío y la celulosa que mueven carreteras, puertos, barcos y pueblos, en la región más pobre de Chile.

“Mis estudios son básicos, llegué a octavo básico apenas, sembré lentejas a los 17 años y trabajé en un taller eléctrico con un amigo y cuando tuve una platita, en vez de comprarme una moto, me compré un tractor.”

Así empieza la historia de Juan Navarrete Muñoz, Contratista Forestal de humilde origen, fundador de dos empresas en la compleja zona de Collipulli, en La Araucanía y un apasionado por el trabajo y la innovación.

“Siendo agricultor empecé a indagar en la parte forestal. Primero me presenté a un trabajo para la preparación de suelo con un tractor a Forestal Monte Águila y luego, a Forestal Angol cuando tenía 25 años. Ya estaba casado y tenía una hija, así que tenía que trabajar.”

Mientras se afirmaba en la prestación de servicios forestales, cambios en la propiedad de la mandante, significaron un año de inestabilidad que mejoró cuando Mininco notó la eficiencia e innovación en los procesos de habilitación de terrenos que realizaba Juan Navarrete. “Empecé a innovar en cómo ser más eficiente, empecé a crecer y ya no tenía un tractor, tuve hasta 20. Era lo que más se usaba en ese tiempo donde se hacían forestaciones, terrenos agrícolas que se convertían en forestales. Contraté a más gente y empezamos a trabajar en controles de incendios también. Pero quise retirarme, tenía problemas en la casa con la señora por tanta pega, me cabrié y dije no trabajo más. Busqué a dos personas que trabajaban conmigo, hice la empresa Servicios Forestales Collipulli, (SAFCO) los hice socios y me tranquilicé un poco” …. pero no se iba a quedar tranquilo por mucho tiempo, las grandes maquinarias como bulldozers y excavadoras le atrajeron, viajó para conocer, mirar formas diferentes y crear soluciones para marcar la diferencia y buscar ser un aporte en el desarrollo y progreso de Collipulli y su gente. “Porque si uno hace algo diferente, marca un poquito la pauta” y así nace Servicios Forestales Mecanizados, SEFOMEC, empresa orientada al establecimiento de terrenos y que hoy abarca todo el proceso forestal en el bosque.

“Hoy trabajamos con 500 a 600 personas, pero yo no salgo mucho a terreno, sale más mi gente, mis supervisores, ellos ven lo que es faena, yo me dedico más al taller, reparando y les voy diciendo lo que tienen que ir haciendo. Ya tantos años uno se conoce sus máquinas de memoria. Mi hija Yasna me ayuda y estoy tratando de que ella aprenda haciendo las cosas, relacionándose con la gente, entendiendo cómo trabajan, las necesidades, los requerimientos, trabajando a la par uno aprende.”

A sus 64 años, Juan dice que es difícil descansar, aunque ya no trabaja tanto como cuando salía a las seis de la mañana y llegaba a las doce de la noche a la casa, luego de supervisar siete faenas diarias en distintas partes, sin secretaria, ni supervisor, ni abastecedor de combustible, “todo lo hacía yo.” Lo que tuvo consecuencias personales: a las dos hijas mayores no las vio crecer “llegaba en la noche y estaban durmiendo, salía en la mañana y estaban durmiendo, eso lo hice por más de 20 años, llegué a andar 20.000 km mensuales por 5 años, abasteciendo a mis faenas todos los días desde Los Ángeles hasta Lautaro, eso igual le pasa la cuenta a uno. Pero, para partir sin nada… porque yo partí con las puras manos, creo haberlo hecho bien, porque siempre fui muy bueno para manejar el dinero, bueno para ahorrar, un poco apretado tal vez, pero los compromisos siempre me ha gustado cumplirlos, primero pagar al trabajador y pagar lo que se ofreció. Hay que ser muy claro con la gente.”

Innovación operativa y social

La primera innovación que se le ocurrió fue una racha en la excavadora que dejaba habilitado el terreno de mejor manera para la plantación siguiente y disminuía el riesgo para el operador. La diseñó en Collipulli y después de un tiempo consiguió valiosos contactos y la terminó de desarrollar con una empresa fabricante en Estados Unidos.

También planteó “el plan 800” donde este número de personas que trabajaban en el establecimiento de terrenos, podían estar preparadas para combatir un incendio, con las mismas condiciones de vestuario de las cuadrillas, lo que funcionó y se replicó en otras empresas de servicio.

Confió y dio trabajo a personas privadas de libertad, lo que se llamaría hoy una innovación social. Hace ya varios años habilitó un tractor con un tanque atrás, sacó mangueras de él como un pulpo, para las aplicaciones químicas con cuadrilla. “En ese tiempo no se conocían los furgones, había muy pocas micros y eran inalcanzables para uno que estaba comenzando. Así que a una camioneta le ponía una carpa y trasladábamos a dos cuadrillas de personas privadas de libertad, desde la cárcel de Collipulli para trabajar con estos pulpos. Los pasaba a buscar yo mismo a las 6:30 am, los llevaba a trabajar y a las 6:00 de la tarde tenían que ir a dejarlos de vuelta a la cárcel. Mi intención era satisfacer sus ganas de hacer algo útil, dándoles una oportunidad de reinserción aprendiendo un oficio o una actividad que pudieran desarrollar también cuando recuperaran la libertad, además de evadir momentos de ocio en una actividad que los dignificara, hiciera sentir bien y que fuese justamente pagada. Nunca dije a la forestal que yo hacía eso, en ese tiempo el control no era mucho y lo que importaba era hacer el trabajo. Esta idea surgió cuando un sobrino que trabajaba conmigo me dijo que tenía unos amigos que necesitaban trabajar, pero que estaban guardados. Nos conocimos y terminamos haciendo buen equipo, llegaban a la cárcel y lo único que querían era dormir. Trabajamos varios meses y el rendimiento era fabuloso porque trabajábamos muy duro.”

Destacable es también el apoyo que entrega a otros para que se desarrollen como empresarios. “Tenía como 20 máquinas excavadoras y 14 se las vendí a los mismos operadores y los fui haciendo empresarios. También a choferes que se han hecho transportistas, porque todos tenemos derecho.  A mí nadie me dio la oportunidad, yo tenía que arreglármela con mis propias manos y cuando uno parte con muy poco, todo le sirve porque todo le falta. Los primeros tres años uno tiene que ser paciente, aprender a manejar el dinero. Cuando partí, lo último que compré fue la casa y la camioneta. Lo primero fueron 15 tractores nuevos y yo andaba en mi camioneta Chevrolet con una carrocería de madera amarilla y con eso hacía todo mi trabajo.”

A través del apoyo que entrega dentro de la comunidad de Collipulli, busca retribuir ante las adversidades que puedan aquejar a la gente de la zona. Ya sea con ayudas monetarias a personas, instituciones educativas/culturales y comunidades étnicas; brindando oportunidades laborales sin distinguir en los orígenes, o incluso, acudiendo en apoyo de la municipalidad, bomberos y ciudadanos en apuros cuando catástrofes como incendios y accidentes amenazan algún lugar de la zona. Lo que Juan Navarrete ha construido a través de tantos años de esfuerzo ha trascendido el concepto de empresa, convirtiéndose en una verdadera comunidad de desarrollo, sustento y sostén de proyectos de vida de familias enteras en una zona abandonada por el Estado y la sociedad.

Actualmente Juan y su equipo mantienen intacto el espíritu innovador y no cesan en el desarrollo de nuevas ideas para ser un aporte para el rubro. Su última innovación ha sido la mecanización en la plantación. “Plantar pino a raíz desnuda para un plantador manual es difícil porque siempre queda la raíz doblada, en cambio la máquina la estira y quedan muy bien plantadas.” Todo esto a través de la importación de maquinaria desde Brasil y su adaptación local. Cuatro de ellas ya están funcionando en el sector de Los Ángeles y existe proyección para, eventualmente, aumentar la cantidad de equipos.

La violencia rural de Collipulli

El espíritu inquieto de Juan Navarrete se topa con la inseguridad. Tan solo entre el año 2019 y 2020, SEFOMEC y sus trabajadores se vieron afectados por más de siete atentados diferentes, perdiendo completamente más de 23 equipos. “Detrás de cada máquina existe un operador y tras de ellos, una familia, gente que, sin acceso a privilegios, ha podido educar a sus hijos permitiéndoles ser la primera generación con acceso a la educación superior dentro de Collipulli. Ellos están expuestos a la violencia y a la maldad, muchos incluso teniendo que recurrir a apoyo psicológico ante traumas y, en los peores casos, intervenciones quirúrgicas y hospitalizaciones donde sus vidas llegaron a peligrar. Aquí cada uno tiene que arreglárselas como pueda, de parte del Estado es muy poco el apoyo, es complicado porque lo único que uno hace es dar trabajo, crear cosas y ayudar a otros a hacer sus propios emprendimientos, hay hartas cosas que quería hacer, pero la violencia me limita, uno tiene las ganas, tiene la motivación de hacer cosas, pero se arrepiente de invertir.”

“Uno siempre está amenazado aquí, tengo un campo donde me dedico a la agricultura, lo estoy pagando y lo tengo tomado. Este año no voy a poder sembrar. Son casi 200 hectáreas donde produzco semillas y les vendo a las comunidades, no tengo problema.  Da impotencia por la inseguridad tan grande que hay en esta zona porque aquí somos una cadena, la novena y décima región ¿por qué se mueve? es la madera, el aserrerío y la celulosa que mueven las carreteras, mueven los puertos, mueven los barcos y mueven los pueblos, es una cadena y no le dan la importancia que se merece a esta parte forestal. Es lo que tenemos y si lo quieren cambiar, son décadas, toda una vida, toda una vida…”