El teletrabajo: hacia una nueva forma de trabajo en Chile

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Rodrigo Alejandro Ruiz Godoy, Abogado, Magister en Derecho Laboral, Magister en Gestión Educacional, y Responsabilidad Social Empresarial.  Especialista en Derecho Laboral. Docente Universitario.

Definir lo que significa teletrabajo de forma concisa es una tarea que puede parecer simple. La etimología de la palabra podría darnos una respuesta clara. El prefijo “tele” como algo a distancia daría la clave para entender el concepto. Pero la mayoría de la gente entiende que la palabra implica sólo trabajo a distancia, pero eso no es, evidentemente, toda la polisemia del término.

La complejidad radica en la falta de una acepción del término aceptada de forma general. Por una parte, la palabra es utilizada con significados ligeramente diferentes y, por otro, términos con significados muy similares al del teletrabajo se tienden a mimetizar con este. De esta forma, si se analiza la literatura sobre el tema, se puede llegar a la conclusión que, además de teletrabajo, se utilizan otros conceptos como teledesplazamiento (telecommuting), trabajo en red (networking), trabajo a distancia (remote working), trabajo flexible ( flexible working), y trabajo en el domicilio.

Tomando en cuenta lo anterior, veamos algunas definiciones estandarizadas del concepto: la Organización Internacional del Trabajo (OIT) lo define como “cualquier trabajo efectuado en un lugar donde, lejos de las oficinas o talleres centrales, el trabajador no mantiene contacto personal con sus colegas, pero puede comunicarse con ellos a través de las nuevas tecnologías”. Por su parte, la Asociación Española de Teletrabajo lo conceptualiza como “(…) el modo de realizar la actividad laboral utilizando las tecnologías de la información y de la comunicación”. También como “aquella actividad realizada fuera del espacio físico de la empresa que realiza un trabajador, ejerciendo sus conocimientos al servicio de la misma en régimen de contrato de plantilla, autónomo, o free lance, arrendamiento de servicios, etc.”

Si bien el concepto de teletrabajo es de reciente creación, la más similar que en materia de legislación tuvo Chile durante gran parte del siglo XX fueron las leyes referidas al trabajo doméstico, ya que en este: “el trabajador a domicilio no trabaja para sí, como el artesano o el pequeño industrial, sino para otros cumpliendo las directivas e instrucciones del dador del trabajo”. Esto fue así durante la vigencia del Código del Trabajo de 1931 y el Decreto Ley Nº 2.200, de 1978, de acuerdo a los cuales el contrato a domicilio se consideraba un contrato de trabajo. No obstante, el entonces Ministro de Justicia José Piñera determinó que éste era un trabajo independiente y no lo consideró como un contrato en el nuevo código laboral. De hecho, mediante la Ley Nº 18.018, de 1981, se anexó un nuevo inciso al artículo 8º del Código del Trabajo, el cual disponía que: “Tampoco dan origen a dicho contrato (el de trabajo) los servicios prestados en forma habitual en el propio hogar de las personas que los realizan o en un lugar libremente elegido por ellas, sin vigilancia, ni dirección inmediata del que los contrata”, quedando, de este modo, los trabajadores a domicilio excluidos de la aplicación de la normativa laboral.

En 1993 este evidente vacío legal fue medianamente corregido por la modificación a la norma citada por la Ley Nº 19.250 que estableció, en lo sustancial,  que “no hacen presumir la existencia de contrato de trabajo los servicios prestados en forma habitual en el propio hogar de las personas que los realizan o en un lugar libremente elegido por ellas, sin vigilancia, ni dirección inmediata del que los contrata”. Así, el trabajo a domicilio vuelve a incorporarse a la protección del Código del Trabajo, aunque de manera limitada.

Ahora bien, la diferencia entre “trabajo doméstico” y “teletrabajo” es bastante difusa. Básicamente se toma en cuenta la preponderancia de la informática y las telecomunicaciones en la ejecución de ambos trabajos, siendo obviamente llamado “teletrabajo” aquel que utiliza las nuevas tecnologías. Según el profesor de derecho laboral José Luis Ugarte: “el teletrabajo no se corresponde exactamente con el trabajo a domicilio, porque solo se exige que sea a distancia, fuera del lugar físico de la empresa que lo encarga, siendo irrelevante el lugar donde se haga…”.  En lo concreto, la gran diferencia entre ambos tipos de trabajo es que en el caso de los trabajadores a domicilio, estos habitualmente reciben una remuneración ostensiblemente menor, y además carecen de todo tipo de beneficios relacionados con la seguridad social, a diferencia de los teletrabajadores.

El reconocimiento expreso y específico del teletrabajo en la legislación nacional se produjo  recién en el año 2001, a través de la dictación de la Ley Nº 19.759. De acuerdo con el Mensaje Presidencial, contenido en el Boletín Nº 2626-13, el Ejecutivo, consciente de las transformaciones del mercado de trabajo y la economía en general, determinó integrar a la legislación varias fórmulas contractuales de promoción del trabajo, entre las cuales se encontraba el trabajo efectuado desde lugares distintos de las instalaciones físicas de la empresas a través de la tecnología, o sea, el teletrabajo. La Ley N° 19.759 introdujo un nuevo inciso cuarto al artículo 22 del Código del Trabajo, incorporando la figura del teletrabajador, definiéndolo como “aquellos que prestan sus servicios preferentemente fuera del lugar o sitio de funcionamiento de la empresa, mediante la utilización de medios informáticos o telecomunicaciones”.

Así, la figura del teletrabajo en nuestro país ha sido regulada como una excepción al límite de jornada ordinaria de trabajo, lo cual genera una serie de desventajas para este tipo de trabajo, como la  exclusión del libro de asistencia, inexistencia de horas extraordinarias, etc. A su vez, con el fin de homogeneizar la aplicación del Código del Trabajo con el resto de los trabajadores que laboren en un lugar fuera de la empresa, aunque no sea mediante elementos de tecnología, se derogó el inciso penúltimo del artículo 8º, que establecía que: “No hacen presumir la existencia de contrato de trabajo los servicios prestados en forma habitual en el propio hogar de las personas que lo realizan o en un lugar libremente elegido por ellas, sin vigilancia, ni dirección inmediata del que los contrata.”

En conclusión, al dictarse la Ley Nº 19.759, nuestro Código del Trabajo reconoció la figura del teletrabajo, toda vez que el inciso segundo de su artículo 22 reconoce la figura del trabajo desde el propio hogar o desde un lugar libremente elegido, limitándose a establecer que el personal afecto a esta modalidad de contratación se encuentra excluido de la limitación de la jornada. De la misma forma, el trabajo a distancia realizado a través de medios informáticos o de telecomunicaciones se encuentra fuera de la mencionada limitante, gracias a lo establecido por el inciso cuarto del citado artículo. Pero lamentablemente esta legislación no ha sido suficiente, pues aún se identifican muchos vacíos legales relativos al teletrabajo. Esto se debe principalmente a la falta de un marco regulatorio autónomo y de mayor envergadura, lo cual ha hecho que se genere una suerte de “mala fama” al teletrabajo, tanto por parte de los empleadores, quienes temen constantes problemas con sus trabajadores por ciertos beneficios que no se encuentran claramente establecidos, como por parte de los mismos empleados que temen ser tratados como trabajadores de segunda categoría al no realizar su trabajo en las instalaciones del empleador.

Por último, cabe tener presente que la ley 21.220 del 26 de marzo del año 2020, reguló de forma definitiva el teletrabajo en Chile. Esta iniciativa formaba parte del programa de gobierno presentado por Sebastián Piñera en las elecciones presidenciales del 2009. Como a la postre Piñera se transformó en Presidente de la República, durante el mes de junio de 2010 procedió a enviar un proyecto legislativo al Congreso Nacional que creaba una nueva figura en el Código del Trabajo: el contrato especial del trabajo a distancia. Si bien este proyecto sólo logró pasar el primer trámite legislativo, hasta el momento fue el intento más serio realizado en nuestro país para legislar sobre el teletrabajo.