El trabajo de mujeres en un mundo de hombres

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Gabriela Jara Rodríguez tiene 32 años y es la paramédico responsable de la salud de cerca de 600 trabajadores de la Forestal Safco de Collipulli. Yanitza Jara Ávila, de 22 años y es operadora de maquinaria en faenas de altas pendientes en la zona de Nacimiento y Valeria Llanquinao Llanquinao es casada, tiene una hija de 12 años y es supervisora de cuatro faenas forestales en Lumaco. Las tres son protagonistas de historias de esfuerzo y amor al trabajo en un mundo de hombres.

Dentro de las prácticas profesionales que Gabriela había realizado en Centros de Salud Familiar rurales, notó la falta de control preventivo en trabajadores forestales. Su padre fue uno de ellos, entonces, antes de terminar su carrera ya sabía que no trabajaría en un hospital: “me di cuenta que la gente que trabaja de entre 40 a 50 años más o menos, es el grupo etario exacto donde están las enfermedades crónicas, donde la gente no tiene tiempo y empiezan a aislarse en vez de controlarse. Haciendo la práctica en el Cesfam, los veía llegar descompensados desde su trabajo, por mareos y caídas, ni siquiera llegaban porque conocieran su patología, llegaban por algo que los hiciera sentir mejor en el momento y listo. Entonces había un descuido tremendo por su salud.”

En 2015, al terminar su carrera, presentó un proyecto a la forestal Safco con el objetivo de pesquisar las patologías crónicas de trabajadores sin atención médica, explica que “al gerente le pareció extraña la propuesta, así que para convencerlo, le expliqué sobre cómo iba a servir el controlar la salud de las personas para bajar la tasa accidentabilidad y ahí fue cuando don José Méndez me dio la oportunidad de interiorizar esto dentro de las faenas.”

Le dio a Gabriela dos meses para hacer un catastro y controlar a los casi 600 trabajadores desde Los Ángeles hasta Valdivia, en comunidades mapuches también y demostrar lo que estaba proponiendo. “Me tocó entregar los números rojos. Esto es lo que hay y esto es lo que va a pasar sino se trabaja la salud de las personas. Me encontré con 200 que eran hipertensos, 250 diabéticos y  una serie de otra patologías que no son tratadas, que nadie sabía que las tenía.”

En cuanto a la acogida a su llegada, “hubo de todo, porque son reacios a reconocer que están enfermos, de hecho, esa palabra para ellos no existe. Son gente de mucho temple, entonces no les gusta demostrar debilidad, así que llegué conversándoles lo bueno de que haya alguien para darles atención en la faena.”

Comenzó así con el seguimiento de los trabajadores y ver cuál era la raíz del problema. Recomendó mejorar la alimentación y evaluar las cantidades de sal para los hipertensos, tanto en la empresa como en la casa. En el caso de los diabéticos, se cambió la ingesta de azúcar en los desayunos y se derivó a quienes correspondía, a sus respectivos Cesfam para sus certificados de control.

Su trabajo tuvo el respaldo de la empresa al reducir las tasas de accidentabilidad, Gabriela explica que el control hay que hacerlo en la faena y de forma constante, “hay que supervisar si están cumpliendo los tratamientos, haciendo educación, ya que son como niños porque esto es nuevo para ellos y hay que estar controlándolos. Yo te puedo decir perfectamente, aunque son cerca de 600 trabajadores, cuales son los que tengo en la mira de mis controles, pero es algo que se consigue con harto trabajo, yendo a faena. Lo bueno de todo esto, es que están felices, siempre dicen que cuando uno los va a ver, es el momento en que descansan, se relajan, los sacas un poco del trabajo y de las preocupaciones que andan trayendo. También se trabaja con las familias y llegan a contarles a las señoras que los encontraron bien.”

Parte importante del trabajo de Gabriela es asistir a las faenas a realizar controles de salud constantes, donde en un comienzo no fue fácil, “es un rubro de hombres, entonces cuando me veían llegar, se reían de mí, ¿qué anda haciendo ella por acá? preguntaban. También lloviendo, en el barro en un cerro a tres horas de Collipulli, incluso pensaban que iba a durar poco y se fue dando súper bonito. Yo me siento súper acogida, totalmente.”

“Me he dado cuenta que hoy las empresas, en general están formando equipos multidisciplinarios, así como yo me di cuenta de que mi área la pude llevar a lo forestal, las mujeres pueden llevar su área a donde sea. Hoy mi empresa trabaja con sicólogos, buscando asistentes sociales, empezamos a formar convenios, a trabajar con kinesiólogos, con atención oftalmológica. Lo forestal ya no es sólo para hombres, que las mujeres no le tengan miedo.”

De cocinera a supervisora de faenas forestales

La historia de Valeria Llanquinao Llanquinao, es de gran perseverancia. Trabajó de temporera en Curicó cortando uva, luego en la frutilla, cuando su hermano le dio la oportunidad de ser cocinera para una empresa forestal, con su hija de tres meses. Partió cocinando para 20 trabajadores forestales, luego manejó por un año un furgón para el traslado de las personas a las faenas. El siguiente paso fue trabajar como Jefa de Faena por cuatro años. Hoy es Supervisora de Faenas Forestales con 65 personas a su cargo en la empresa contratista Servicios Forestales Víctor Hugo Llanquinao.

“Cuando comencé yo sabía muy poco, claro que el trabajar como conductora me ayudó a conocer mejor el área forestal, después se me dio la oportunidad de jefe de faena y ahí sola apañé con los conocimientos que me dio mi jefe, y ahí fue aprendiendo.”

Fue un salto grande porque pasó de conductora a jefa de faena, administró la cosecha de eucaliptos en Forestal Cautín y fue jefa de faena en Mininco donde hacía raleo de desecho. “Siempre hacíamos bien la pega y eso me ayudó, me ayudó a aprender, pese a que no tengo ningún estudio. Yo siempre digo que las capacidades están dentro de uno, con estudio o sin estudio, si uno se propone aprender, uno lo hace.”

Sobre su incorporación a este mundo de hombres, señala que siempre se sintió acogida, “me entendí bien con los trabajadores, siempre tuve  respeto mutuo hasta hoy. Y agradezco la oportunidad que me dio mi hermano, porque tener una mujer en faena, significa una serie de requisitos, entonces los contratistas no les quieren dar la oportunidad a las mujeres, pero sí somos capaces. De hecho, yo tengo muy buena experiencia, porque no es que me tire flores, pero en todas las empresas que trabajé me dijeron que somos 100% más ordenadas que los hombres.”

Sobre las oportunidades que se dan en estos tiempos, señala que son valiosas, “creo que una mujer sí es capaz de ser jefa de faena hoy en día, no necesariamente debe ser un cargo para un hombre, una mujer sí es capaz de supervisar una empresa.”

Una pequeña gran operadora forestal

“A mí siempre me interesó la mecánica, pero ser una operadora en el ámbito forestal nunca lo pensé.” Yanitza Jara empezó muy joven a trabajar como ayudante de mecánico en una maestranza en Angol y sus colegas le decían que, si era capaz de arreglar grandes equipos,  cómo no iba a ser capaz de manejarlos. En 2016, sacó su licencia D para manejar  maquinaria pesada. “Estuve tres meses trabajando en una retroexcavadora y luego se dio la oportunidad de trabajar en una faena forestal particular para subirme a un trineumático. Es la máquina más difícil que he manejado hasta el momento.”

Fue parte de Forestal Antilemu y hace tres meses trabaja en la empresa contratista forestal Gesfor y explica “aquí en la empresa en que estoy llegué a un Harvester a aprender, yo ya tenía un conocimiento, pero cuando uno llega a una empresa empieza de cero nunca termina de aprender.”

Yanitza mide 1,62 mts. y es la única mujer en la empresa que opera máquinas de última tecnología que pesan más de 20 toneladas. “No parezco nada al lado de ellas. Hay que tener un carácter fuerte para ir sobrepasando todas las adversidades, paciencia y alta tolerancia a la frustración porque no todo sale bien al tiro, una pasa por diferentes procesos, una se tiende a frustrar y es ahí donde se debe tener esa iniciativa de que si hoy no sale bien, talvez mañana sí.”

“Por ser mujer, una parece ser la más débil o siempre la miran en menos y con el tiempo va demostrando de a poco, que si puede, que una es igual, que tiene las mismas capacidades y que no porque sea mujer voy a tener menos fuerza, menos inteligencia o debilidades, eso una lo va a fortaleciendo con el tiempo.”

Explica que al inicio llegó a trabajar con una postura muy adolescente de querer lograr todo en poco tiempo y que ha aprendido, “conociendo a gente en la forestal, una entiende que tiene que ser respetuosa y perseverante, con el tiempo va tomando los consejos, donde se puede sentir que la atacan, pero te están ayudando a formarte como persona.”

En la faenas, le toca trabajar con rotación de equipos y apoya las distintas faenas, lo que significa empezar de cero, con nuevos compañeros, trabajando 7×7. “Una tiene que ser súper dura, si te mojas en el día, en la tarde debes ver cómo secas tu ropa, si pasas frío o estas enferma tienes que tratar de tirar para arriba porque te quedan días y la forestal es dura, es exigente hay que ser amachada, pero es mi profesión y quiero seguir perfeccionándome en esto y tratar de seguir aprendiendo y adquiriendo nueva destrezas.”

“Quizás de afuera se vea muy rudo, pero cuando estas adentro ya no es tanto, porque te ven como una más. Porque una misma se pone esa traba, si te ves débil, ellos te van a ver débil.”