En la búsqueda de una cultura del entendimiento

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Mario Rivas, director del área social del Obispado de Temuco y parte de FSC Chile, plantea la necesidad de cambiar la cultura de relaciones entre las empresas forestales y las comunidades.

Conversamos con Mario Rivas, representante de la Cámara Social de FSC Chile y Presidente del Directorio de este organismo que certifica las normas ambientales, sociales y económicas de las empresas forestales. En este periodo como Presidente, destaca la importancia de avanzar en el relacionamiento de las empresas con los actores locales y la presencia de la actividad forestal como un factor para el desarrollo de las comunidades, desde sus visiones y prioridades, como fomento al desarrollo local.

“El FSC es más que un instrumento del mercado, a partir de esa certeza inicial, debemos ser capaces en el marco de lo que nos permiten los principios del sistema, empujar el mayor equilibrio posible entre las aspiraciones económicas, sociales y ambientales. En mi caso, mi área de especialización son los temas del desarrollo rural campesino, muy alejado del Sistema FSC que se desarrolló en Chile, más bien ligado a la gran industria forestal. Sin embargo, la riqueza de este sistema es la necesidad de incorporar la diversidad de actores e intereses en una construcción más sustentable. La potencialidad de FSC es contribuir a desarrollar una política forestal más amigable con lo social, con lo ambiental y lo económico. Tengo una formación en la doctrina social de la iglesia, quizás por ello estoy permanentemente en la búsqueda de espacios de diálogo, pero el diálogo va unido a la justicia.

¿Ha cambiado en estos años, su opinión sobre lo forestal?

En estos años se han ido cayendo algunos mitos, aun cuando no tengo esta mirada relacionada exclusivamente con lo forestal. Me parece que en estos años se han ido produciendo cambios en las culturas de las empresas y el sector forestal, para mirar más allá de sus predios o su actividad productiva. Hoy día, el sector privado es un factor relevante en el desarrollo de los territorios; son parte de mesas de trabajo locales y temáticas, de asuntos productivos y ambientales. El desafío hoy probablemente ya no es ser parte del desarrollo local, sino más bien como concretarlo.  Este es un proceso que recién comienza porque es un cambio cultural, que debería no relacionarse solo en el conflicto, sino que en las capacidades y en las relaciones humanas. Pero para este cambio cultural debemos formarnos en mirar el cómo lograr espacios comunes. Siempre es bueno ponerse en el lugar del otro.

Y en este sentido, ¿cuál es la función de FSC, en su área social?

No me voy a poner desde la academia ni desde los intereses de las empresas, sino desde las comunidades que están relacionadas con el mundo de las empresas, Yo propongo humanizar el modelo de relaciones, los seres humanos somos seres integrales; somos emociones, familia, paisajes, experiencias. Los modelos de trabajo modernos deben rescatar la complejidad de las personas y las comunidades.  FSC, pese a ser muy criticado, ha estimulado una filosofía del diálogo a través de los intereses comunes y los divergentes también.

Esta perspectiva la veo incipiente en la Asociación de Contratistas Forestales AG, ACOFORAG, y me alegra mucho. Con René Muñoz (gerente de la ACOFORAG) hemos sido parte del Directorio de FSC y desde nuestras diferencias, hemos sido capaces de definir soluciones para el sistema y  empujar acuerdos sobre cuestiones relevantes para el sector. Desde el pensar distinto ser capaces de construir nuevas realidades acordadas. Cuando lo escucho hablar de la importancia de que los socios de ACOFORAG se reúnan con las comunidades, para conversar y hacer desarrollo local, donde realizan una actividad productiva o la importancia de operaciones que resguarden los sitios relevantes para la vida de la comunidad, me doy cuenta que el trabajo colaborativo a todos nos impacta, no sólo en lo laboral sino también como personas.

¿Son las empresas forestales hoy un elemento que puede ayudar a disminuir pobrezas en las comunidades?

Uno es víctima de su formación y de las experiencias que ha tenido, estuve 9 años en los países más pobres de África y cuando comparo esa pobreza con la de acá, es totalmente distinta. Siento que hoy la pobreza es una generadora de oportunidades para otros. La invasión de programas de Estado, de cooperación internacional, de cooperación del mundo privado que hablan de soluciones exógenas y finalmente, lo que llega a los pobres es muy poco. En este sentido el sector privado y las empresas forestales tienen la gran posibilidad de ser parte de los procesos locales; tienen conocimientos, capacidades técnicas y  la movilidad para relacionarse con los territorios y ser factores que contribuyan al cambio.

Sé que es difícil hablar de desarrollo local en un gremio tan afectado por la violencia, creo que se debe avanzar mucho más en la contención de las personas y sus experiencias y como canalizarlas con los nuevos desafíos de la actividad. Vivimos en espacios interculturales y todos tenemos la necesidad de formarnos en este mundo intercultural, más dialogante, también comprometido con temas que atraviesan la sociedad como el medio ambiente, el cambio climático, el trabajo de las mujeres, entre otros grandes temas. Sin embargo, estas buenas intenciones no sirven de nada, si no se respeta el Estado Derecho mínimo que genere las condiciones para avanzar.