“Es urgente darle salida política al conflicto, dentro de la institucionalidad del Estado”

197

Hugo Alcamán Riffo es activista por la dignidad indígena y presidente de ENAMA, con quien conversamos sobre las aspiraciones del pueblo mapuche de cara a la próxima discusión constitucional.

ENAMA o Encuentro Nacional Mapuche es una Corporación de Profesionales mapuche fundada el año 2010 en Temuco con presencia en todo Chile, que busca impulsar el desarrollo integral mapuche, incidir en el debate público y contribuir a la construcción de un Chile plurinacional. Actualmente es liderada por su fundador, Hugo Alcamán Riffo quien se declara bi-cultural: la mapuche, pues reside en su comunidad indígena que lleva el nombre de su bisabuelo “Cacique Federico Alcamán” en la Araucanía, donde practica diariamente sus ritos espirituales; y la cultura chilena pues es profesional ingeniero comercial, máster en turismo y también fue oficial de la Fuerza Aérea de Chile durante 23 años.

Desde el retorno de la democracia se empezó a hablar del “conflicto mapuche” ¿a qué se debe?

Es injusto hablar de “conflicto mapuche” pues, para que haya un conflicto debe haber, por lo menos, más de dos partes. El conflicto es tri-partito pues es entre el Estado de Chile, la sociedad chilena y el pueblo mapuche. Los mapuche reclamamos y demandamos al Estado porque ha reconocido nuestros derechos ante la comunidad internacional sin que, a la fecha se nos permita ejercerlos al interior del país (Declaración de los Derechos Indígenas de la ONU del 2007, el Convenio 169 de la OIT actualmente ley de la República y la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la OEA  el 2016). Con la sociedad chilena interpelamos su respeto con sus pueblos originarios ya que nos instala, peyorativamente, en un indigno último escaño de la escala social “solo por ser indios”.

Los pueblos originarios somos ciudadanos chilenos del Estado de Chile. En mi caso, amo Chile, he jurado dos veces dar la vida por este país, primero como Cadete de aviación a los 15 años y posteriormente, al egresar como Oficial de la FACH a los 19 años. Por lo tanto, si alguien ama este país, si alguien conoce este país, si alguien se siente chileno, indudablemente soy yo. Pero antes que chileno, antes que cristiano, soy mapuche porque ese es mi origen e identidad.

Cuando hablo de mapuche y chileno estoy identificando la existencia de dos pueblos- naciones diferentes. En primer lugar no hay que confundir los conceptos de Estado y de naciones. Un “Estado” es una creación jurídica que administra el poder de la sociedad que, en Chile, se separan en tres: ejecutivo, legislativo y judicial. Por otro lado, “nación”, de acuerdo a la definición acordada internacionalmente, es el conjunto de personas que tiene una misma historia, idioma y una misma cosmovisión y todo eso nosotros lo cumplimos. Los chilenos tienen una cosmovisión diferente a nosotros, la que tiene su origen en Europa occidental. Así, en lo filosófico vienen de Grecia, en lo religioso del judaísmo cristiano y en lo jurídico de Roma. De esos 3 grandes pilares se conformó la cosmovisión europea occidental que tienen los chilenos. Los mapuches no tenemos ninguno de estos 3 pilares, entonces tenemos que entender que somos diferentes y “ser diferentes no es malo ni bueno, solo diferente” como dice el sabio refrán.

En el proceso que está viviendo nuestro país, ¿con quién se dialoga en el mundo mapuche?

Esa pregunta recurrente refleja el desconocimiento de nuestra cultura y cosmovisión. Los chilenos siempre nos preguntan lo mismo porque en su ADN cultural no conciben una sociedad que no sea vertical donde hayan superiores e inferiores, jefes y subalternos, reyes y vasallos. En nuestro ADN cultural concebimos la sociedad en forma horizontal, donde cada familia tiene un principal que no es jefe sino una persona respetable por su sabiduría que puede ser el “patriarca”. Entonces hay tantos “jefes”o “cabezas de familia” que llamamos lonko, como comunidades familiares existan.

Así las cosas, según la materia a dialogar, se debe “conversar” con todos los que quieran conversar. Nadie debe ser excluido. Si se quiere dialogar de buena fe con el pueblo mapuche se debe respetar su horizontalidad cultural y no intentar establecer diálogos verticales porque no tendrán éxito. Puedo asegurar que la gran mayoría mapuche; porque históricamente ha sido así, está disponible al dialogo.

Para entender esta “horizontalidad” voy a dar un ejemplo. Nosotros nos tratamos de “peñi” que, en el lenguaje coloquial se entiende como “hermano”, pero desde la raíz filosófica de la palabra, significa “el otro igual a mí” lo que da cuenta que creemos que todos somos iguales, que todos son iguales a mí y, por tanto, debo tratar a los demás como me gustaría que me traten. En nuestro idioma chedungun o mapudungun no existe el “usted”.

Nosotros hemos planteado que hay que iniciar diálogos que, seguramente pueden durar  meses e incluso años porque hay muchas heridas abiertas que deben cerrarse, que solo conversaciones respetuosas, empáticas y honestas pueden lograrlo. Debemos aprender de la historia. Los conquistadores españoles, después de 90 años de cruentos enfrentamientos entendieron que solo dialogando en los parlamentos pudieron lograr acordar un  “tratado” (pacto político) como el “Tratado de Quilin o Quillin” en el año 1642 que permitió 176 años de paz hasta la independencia de Chile en 1818.

¿Y qué opina de la propuesta de un Consejo de Pueblos?

La propuesta de crear un “Consejo de Pueblos” como  instancia asesora no vinculante no tiene ningún peso político y, por tanto la rechazamos absolutamente. Si se llegase a crear, aseguro que los mapuche no lo vamos a reconocer como instancia representativa porque escapa absolutamente a nuestra lógica cultural. Si se quiere que tengamos representantes, estos deben ser dentro de la institucionalidad del Estado, es decir en el lugar donde se ejercita el poder como el parlamento, CORE, municipios con alta población indígena. Es urgente darle salida política al conflicto tricultural lo que se logra dándonos espacio político dentro de la institucionalidad del Estado y, con ello, capacidad de canalizar nuestra inquietud y representar a nuestra gente. Prueba de la viabilidad de la opción de participación cuando se abren los espacios políticos son los constituyentes indígenas y los candidatos a Gobernadores mapuche

¿Esa representación política eliminaría la violencia amparada en la causa mapuche?

Absolutamente. No encausar la situación de conflicto en el wallmapu o macrozona sur a instancias de dialogo político nos lleva a que grupos violentos justifiquen su accionar como justo y necesario.

La violencia va en aumento ¿a qué lo atribuye?

Al hablar de violencia es necesario reconocer dos tipos de violencia: La violencia simbólica que es aquella que se ejerce cuando se invisibiliza, se niega, se menosprecia a otra persona. Esta violencia normalmente es causa de la violencia física. Cuando el Estado  niega el ejercicio de los legítimos derechos a los indígenas o cuando la sociedad maltrata, desprecia y niega a las personas indígenas es violencia simbólica que es de peores efectos que la violencia física.

En cuanto a los violentistas físicos en la ruralidad, desde ENAMA observamos tres grupos: un primer grupo que, nos guste o no, tiene un claro discurso político. Es el caso de la CAM, Coordinadora Arauco Malleco. Con ellos, y con todas las organizaciones que tienen discurso político es deber del poder Ejecutivo establecer un diálogo político donde, además, debe considerar a organizaciones políticas que no optan por la violencia como es el caso del  “Consejo Político Mapuches del Wallmapu”. La CAM y este Consejo Político debieran sentarse a la mesa porque son políticos y la solución es política. Los Gobiernos tienen que establecer ese diálogo.

Hay un segundo grupo que, a nuestro parecer, son delincuentes. Es decir, todos aquellos que buscan solo sus beneficios personales mediante el robo a otros para no tener que trabajar. Esos delincuentes no tienen discurso, solamente se amparan en discursos políticos de otros. Nos parece que, lo que está haciendo el Gobierno con la Coordinación de Seguridad de la Macrozona Sur es oportuna y está bien. Los delincuentes nos avergüenzan, porque han matado, han herido a hermanos nuestros. Cualquiera que dice defender a un pueblo y ataca a su propia gente, pierde toda legitimidad moral y ética. Claramente esta gente no tiene legitimidad.

Finalmente visualizamos a un tercer grupo que son las comunidades y dirigentes que actualmente están tomándose o marcando los campos a causa, a nuestro entender, de la ausencia del Ministerio de Desarrollo Social y la CONADI, ambas instituciones del Estado responsable de relacionarse con nosotros.

Explíquenos el concepto de Plurinacionalidad que proponen para la Constitución

Según lo que señalamos anteriormente sobre lo que entendemos como Estado y nación, el Estado de Chile tutela, en la práctica, a 11 pueblos naciones, la chilena y la de los 10 pueblos naciones originarios que tienen, cada una, su propia cosmovisión muy diferente a la cosmovisión del pueblo nación chilena.

Al constituirse la República de Chile se conformó primero el Estado y posteriormente se forjó la nación chilena fusionando a las diversas culturas de inmigrantes y mestizos intentando que, a lo largo de 200 años, en todo el territorio de Chile, hubiese un solo pueblo nación homogéneo, sin considerar a los pueblos originarios. Diferente fue el caso de Europa en que primero nacieron las naciones en la forma de reinos. Después, poco antes del descubrimiento de América, se configuró la figura del Estado que agruparon, bajo su tuición, a muchas naciones.

No se debe confundir plurinacionalidad con multiculturalidad. La multiculturalidad es el conjunto de culturas diferentes. Chile, en la práctica, es un país cada vez más multicultural con la llegada de inmigrantes que se suman a los primeros inmigrantes del siglo XIX y XX. Chile debe aprovechar ser un país multicultural, respetar todas las culturas porque todas terminan siendo un aporte, enriquecen el total. Un país multicultural está en mejores condiciones para enfrentar un mundo globalizado. Chile es una República con un Estado unitario plurinacional y multicultural lo que debe ser reconocido francamente en la nueva constitución o pacto social.

¿Y qué pasa con la autonomía de los pueblos?

La autonomía es parte natural en el crecimiento y desarrollo de las personas y de los pueblos. No hay que tener miedo a la autonomía. Los ciudadanos en las regiones piden mayor autonomía, piden ser protagonista de su propia historia. Los pueblos originarios queremos ser también protagonistas de nuestra propia historia desde nuestras identidades y, desde nuestras diferencias, aportar al bien común de Chile.

Teniendo presente la diversidad dentro del pueblo mapuche a nosotros no nos molesta el Estado unitario pero aspiramos que sea descentralizado, democrático, multicultural y plurinacional.