Guillermo Julio, Doctor en Ciencias Forestales: “En los incendios en Chile se han juntado dos grandes problemas: el cambio climático y la intencionalidad”

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El profesor de la Universidad de Chile opina que han funcionado bien los programas de protección, pero todavía falta mucho en prevención, considerando los recursos que se asignan al combate de incendios y lo que se destina a la prevención y menos aún, a la investigación que es la base de todo desarrollo.

El Ingeniero Forestal y Doctor en Ciencias Forestales Guillermo Julio, ha pasado gran parte de su vida profesional dedicada a la protección contra los incendios forestales. Al poco tiempo de egresar de la Universidad participó activamente en la creación del Sistema Nacional de Protección Contra Incendios Forestales en 1967, en el Ministerio de Agricultura. Trabajó en el SAG, fue Director Ejecutivo de Conaf y del Infor, fue gerente de una empresa forestal, representante de Latino América en el Programa Alianza para el Manejo del Fuego de la FAO, y permanentemente ha estado participando en programas de investigación y docencia en  protección y política forestal en la Universidad de Chile y otras instituciones académicas. Consultamos su opinión sobre el sector forestal y la situación de los incendios en nuestro país en la siguiente entrevista:

¿Cómo evalúa el desarrollo del sector forestal chileno?

Chile ha tenido un desarrollo poco equilibrado en el sentido de que no todos los aspectos se han tratado con la misma preocupación. Hasta hace pocas decenas atrás, el desinterés  por el bosque nativo era significativo, entonces en Chile empezó a desarrollarse un programa, principalmente por iniciativas privadas, referido a plantaciones forestales que ha venido sustentando una industria bastante potente, lo que está muy bien. No hay ninguna descalificación, al contrario, yo creo que ha sido muy bueno para Chile ese desarrollo, pero el hermano pobre siempre siguió siendo el bosque nativo y desde hace unos 30 años existe una preocupación creciente y la cosa tiende a equilibrarse, aunque todavía nos falta mucho que hacer sobre el bosque nativo.

En cuanto a las plantaciones, Chile tiene la competencia de un país desarrollado, pero todavía seguimos siendo subdesarrollado en el tema del bosque nativo y el rol, en general, de los recursos renovables, en todo lo que se refiere a la conservación de la naturaleza en los balances ambientales.

Hay que tener cuidado con las plantaciones en el sentido de no demonizarlas. Hay muchas voces que dicen que hay que cambiar las plantaciones, volviendo al Chile original, pero resulta que después de 400 años, en que hemos estado barriendo en suelo, haciendo desastres de todo tipo, usando trabajos inapropiados y generando erosión, se ha creado un ambiente que nos impide volver a lo que era originalmente Chile. El hecho de tener menos plantaciones no significa que vamos a tener un recurso inferior o de menor importancia al que teníamos antes, por lo demás, el recurso plantaciones es un recurso valioso para el país desde el punto de vista económico y también desde el punto de vista ambiental. Por ejemplo, en la Cordillera de la Costa y en sectores de secano que estaban en procesos erosivos de degradación del suelo muy profundos, se recuperó gracias a las plantaciones, por lo que hay que atribuirles valor desde el punto de vista ambiental.

Tuvimos un enorme desastre de pérdida de bosque nativo en 100 años, entre 1850 y 1950, aproximadamente donde se perdieron 20 millones de hectáreas aproximadamente, por el uso del fuego para habilitar terrenos para la agricultura y la ganadería, la explotación irracional de árboles autóctonos, después para el reemplazo por plantaciones, las infraestructuras viales, la instalaciones de áreas urbanas en suelos frágiles, pero eso se ha estado frenando, afortunadamente.

¿No se prevén más hectáreas destinadas a las plantaciones?

Difícil, porque la superficie disponible para plantaciones ya está prácticamente copada, entonces todo el ritmo de reforestación va a ser para reponer lo que se está usando en la industria. Lo que sí hay que trabajar fuertemente son los terrenos degradados donde hay posibilidad de que prospere el bosque nativo. Fundamentalmente por las propiedades que tiene, debe estar destinado a la protección del ambiente como el suelo, agua, paisaje, etc. Aunque también hay algunas posibilidades en la parte productiva forestal basada en maderas nativa. De hecho, tenemos empresas altamente rentables como el caso de la Lenga en Magallanes, bosques nativos que son manejados sustentablemente a un buen ritmo de producción y de exportación de sus productos.

En cuanto a la evolución de los incendios forestales, hay diferencias en las causas y como se va preparando el sistema para su control  las estrategias

La historia de los incendios ha evolucionado en Chile para bien y para mal. Hasta los años 1950 y 1960 la principal causa eran las quemas agrícolas. Alrededor del 80 % de la superficie total afectada por incendios eran quemas mal llamadas controladas, porque se descontrolaban y causaban incendios de gran magnitud donde el fuego se detenía cuando no había nada más que quemar, porque no se tenía la capacidad para detenerlo. Luego, cuando empezaron los sistemas de protección a mediados de los años ‘60 del siglo pasado, empezó poco a poco a crearse la capacidad para controlarlos y, al mismo tiempo, a crearse mayor conciencia respecto a lo que significaba el uso del fuego y la causalidad por quemas empezó a disminuir considerablemente hasta llegar al 12% de la superficie afectada por esta causa. Simultáneamente ha venido aumentando la causa por intencionalidad. Hace unos 30 años atrás, el 5 a 10% de los incendios eran provocados de manera premeditada por distintos motivos, protestas políticas, conflictos étnicos, zonas de conflicto, peleas entre vecinos, etc. Incluso por enfermedades mentales como los pirómanos. Pero ahora los conflictos son graves, tenemos en estos momentos que alrededor del 40% de los incendios están siendo provocados de forma premeditada y eso no es fácil de prevenirlo.

Cuando se habla de la prevención, más bien se apunta al problema de la negligencia, pero cuando la causa es premeditada con fines de distinta naturaleza, es difícil controlarlo con campañas de educación. No hay una forma clara en estos momentos de prevenir los incendios provocados intencionalmente hacia plantaciones, salvo que establezcamos todo un sistema de guerra lo que no es posible y es muy difícil establecer quien los provoca.

¿Cómo evalúa las estrategias que se aplican para el control de los incendios en el último tiempo?

Hay una preocupación mayor y cada vez se han ido entregando mayores recursos en cifras significativas, la Conaf en 5 años ha aumentado a cerca del doble su presupuesto y las empresas forestales también han hecho lo mismo. La preocupación viene desde antes de los grandes incendios de 2017, sino desde que se empezara a comprender lo que estaría significando el cambio climático.

Hoy día hay perfeccionamiento en la gente que trabaja en esto, hay una experiencia de muchos años, que es un valor bastante importante, que se observa ya sea en la Conaf como en las empresas forestales, entonces hay un respaldo técnico bastante bueno. De Hecho, a Chile se le reconoce dentro de Latinoamérica como un líder en la calidad de sus sistemas de protección contra incendios forestales.

Se observa una clara preocupación por el aumento de los recursos para la protección para cubrir las necesidades que se tienen; pero hay un problema: no solo con el aumento de recursos vamos a solucionar el problema, debemos hacer algo más. Paralelamente deberíamos tener más claridad de cuál es la mejor manera de usar esos recursos. Se constata un significativo desequilibrio  en los presupuestos que destinan las empresas y Conaf entre las asignaciones para el combate y las otras tareas que deben realizarse, como la prevención, la capacitación y los estudios de evaluación y desarrollo. Una proporción considerable del costo del combate radica en el empleo de aeronaves, que conforman un recurso muy útil cuando se les utiliza como herramientas que complementan el trabajo que debe ejecutarse con las operaciones terrestres, que definitivamente son las que extinguirán el fuego. Ojalá no vuelva a cometerse el error que se tuvo con el famoso Supertanker. Si comparamos esta aeronave, que tiene una capacidad de 70 mil litros, con un equivalente de seis o siete helicópteros de capacidad de 8 mil a 10 mil litros, que tienen la posibilidad de actuar en todas partes y trasladar a los combatientes a lugares inaccesibles es indudable que esta última opción es claramente mejor. Hay un poco de irracionalidad en el sentido de que estamos agregando y agregando recursos y no estamos evaluando los resultados que estamos obteniendo con las nuevas tecnologías y equipamientos.

Las campañas de prevención con la comunidad es un camino que hay que seguir, pero será necesario evaluar hasta qué punto la gente se ha ido sensibilizando y está apoyando el trabajo que hay que realizar para evitar la ocurrencia de incendios.

Otra tarea importante es el manejo de la vegetación de alta combustibilidad, a través de intervenciones de silvicultura preventiva, como cortafuegos, podas,  raleos, limpias, por medio de modelos de manejo que impidan o mitiguen la propagación del fuego. También mediante la agroforestería, o sea la posibilidad de manejar bosques con ganado o con cultivos agrícolas y esto ayuda a controlar la combustibilidad de los terrenos y lograr a que los incendios que se producen no ocasionen tanto daño. Esta tarea de la silvicultura preventiva, que ya se ha iniciado en los últimos años, requiere ser reforzada.

 ¿Cuáles son los desafíos frente al cambio climático?

El cambio climático es un fenómeno de tal envergadura que tenemos que adaptarnos a él y ver de qué manera logramos que nos provoque menos problemas, podemos buscar especies resistentes a la falta de agua. Se habla del eucalipto como el enemigo de la naturaleza y resulta que hay 600 especies de eucaliptos todos originarios de Australia, que crecen en desiertos áridos y otros en zonas pantanosas, que representan un recurso muy útil para la producción forestal y para complementar los requerimientos de bienes y servicios, al igual que otras especies nativas y exóticas  que deben ser estudiadas para tales propósitos.

Hay muchas teorías que no están comprobadas y que hay que tener cuidado porque a veces las usan de banderas de lucha, los anti eucaliptos, por ejemplo, que señalan que absorben mucha agua. Lo que es cierto, pero si lo comparamos con el bosque nativo y otras especies, el consumo de agua no es tan diferente Hay que tener cuidado más aún cuando falta más investigación al respecto. Yo soy un enamorado del bosque nativo, pero también creo que a las plantaciones  hay que darles su justa valoración. Son útiles tomando todas las precauciones que sean necesarias, no plantar donde sea indebido o cuando provoque impactos ambientales no deseados.

Hay una relación directa con el cambio climático, cada vez vamos a encontrar más períodos de sequía alarmantes, el material que se quema es el punto donde tenemos que centrar la atención. Hay que aprender lo que vivimos hace tres años atrás y hay que buscar la forma de contrarrestarlos, como el manejo de la vegetación, que permitirá mitigar los incendios y llevarlos a niveles de una menor conflictividad, con la posibilidad de liquidarlos de una manera más efectiva.

Más bien pensando en el cambio climático hay una cantidad importante de buenos especialistas y organizaciones que están estudiando este aspecto y el problema de la resiliencia, etc. y en ese sentido estamos teniendo buenos pronósticos de lo que exactamente pueda pasar a futuro, lo que nos permite buscar las fórmulas más apropiadas para el uso de la tierra en los próximos años.

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