La clave del Quillay en la lucha contra el COVID-19

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Este característico árbol del bosque esclerófilo chileno tiene en su corteza un componente que se ha convertido en un codiciado potenciador de vacunas contra el Sars-CoV-2, así como su desarrollo como una especie productiva medioambientalmente.

Con sus 15 metros de alto en promedio y un tronco de hasta un metro de diámetro, el Quillay es un árbol de follaje siempre verde y flores blancas que se encuentra entre la región de Coquimbo y de la Araucanía y que junto a especies como el Litre, Peumo, Maitén y el Boldo forman el bosque esclerófilo chileno.

Y es la saponina, un compuesto químico de la corteza del Quillay -la que por años ha sido utilizada en la industria de la cosmetología y de la cerveza por su capacidad para producir espuma-, la que en pandemia ha adquirido un protagonismo particular debido a que ayuda a estimular el sistema inmune para generar una buena respuesta frente a una determinada enfermedad.

René Carmona, académico del Departamento de Desarrollo en Productos Forestales de la Facultad de Ciencias Forestales y de Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, es quien explica las múltiples aplicaciones de la saponina: “se usa en medicina, en enfermedades respiratorias y de la piel y como adyuvante de vacunas animales y humanas. En agricultura como agente humectante y biopesticida en el control de nemátodos y hongos que causan enfermedades en las plantas. Además de usos en la industria del vidrio y pulido de metales”.

Pero la cualidad de adyuvante , es decir, la capacidad de reforzar la respuesta inmune contra un antígeno administrado simultáneamente, la ha hecho clave para la formulación de una vacuna contra el Sars-Cov-2, que ya ha cobrado la vida de más de 3,5 millones de personas a nivel mundial, vacuna que está desarrollando el laboratorio estadounidense-sueco Novavax.

La principal fuente de este compuesto en el Quillay está en su corteza, así como también en la madera de fustes y ramas, como explica Carmona: “el Quillay tiene una larga data de uso por este producto forestal no maderero que puedes obtener de esta especie,  el árbol más característico del bosque esclerófilo y del que podemos obtener varios productos, el que además tiene la característica de plasticidad, porque tiene la capacidad de crecer en distintas condiciones, por lo tanto, su repoblamiento o su permanencia no está amenazada, excepto en aquellos lugares donde se hace un uso demasiado intensivo. El Quillay ha demostrado ser una especie capaz de adaptarse a diferentes tipos de suelo y clima y con resistencia al estrés hídrico que se ha generado por la disminución de precipitaciones en la zona central de nuestro país.”

¿Este componente ya es usado en otras vacunas?

Se usa en la vacuna de la fiebre aftosa y se probó en el desarrollo de vacunas contra el SIDA, además es un producto aceptado por la FDA (Agencia de Administración de Medicamentos y Alimentos) de los Estados Unidos para el consumo humano en alimentos y bebidas y también por la Unión Europea en bebidas no alcohólicas.

La farmacéutica estadounidense-sueca Novavax está fabricando vacunas con saponina de Quillay contra el Covid-19, la que está pronta a tener autorización y aumentó exponencialmente sus órdenes de compra también para el próximo año. Y no es el único laboratorio interesado en este recurso. Ahora, todos los desarrolladores de vacunas modernas van a utilizar adyuvante y en eso la saponina del Quillay presenta esta característica potenciadora del sistema inmune, y en particular algunas fracciones purificadas del extracto se usan en vacunas contra el paludismo o malaria, una forma de herpes, TBC y VIH y lo más probable es que se va a probar en otras vacunas.

La saponina tiene la característica que al ser adyuvante, potencia o estimula al sistema inmune en los animales y en las personas también, en una importante fase del desarrollo de la respuesta inmune innata. Por lo tanto, se requiere menos cantidad del antígeno, con lo que puedes producir masivamente la vacuna y en períodos cortos de tiempo, y menor número de dosis  o más espaciadas. Esa es la importancia de los adyuvantes. Hay distintos tipos y uno, es nuestra saponina.

Y en la Universidad de Chile, ¿se está investigando sobre vacunas?

En la universidad hay un grupo de investigadores que, a la luz de lo que está pasando, cuenta con el dinero para investigar en vacunas y, lo más probable, es que en los ensayos se van a usar este tipo de adyuvantes junto a otros más que se van a probar, por las ventajas que tiene. Lamentablemente, la parte investigación no da los saltos que debiera, no por falta de financiamiento, sino por la no continuidad de éste, porque son proyectos de 10 años y talvez más. Teníamos bastante avanzado en Chile porque hay algunas vacunas para el virus sincicial y tratamientos para el virus hanta, investigaciones que si las conectas, puedes potenciar mucho el desarrollo en esas áreas. Lo del Covid hizo ver la necesidad absoluta, ¿quién dice que no vamos a tener todos los años un virus modificado? Hay que poner recursos en investigación de vacunas y en eso estamos.

Ante este auge, ¿se hace necesario el manejo silvícola del Quillay?

Se ha descubierto en el Quillay y en otras especies, que la cantidad de metabolitos que tienen puede cambiar según las estaciones del año, tiene un ciclo que se relaciona con el momento en que se hace la cosecha. Incluso hay investigadores que proponen alguna influencia genética para las cantidades de saponina disponibles en un árbol. Y pensando en eso, así como hicimos con el pino un mejoramiento genético, también se requiere investigación para mejorar genéticamente estos individuos de Quillay para producir la saponina que a nosotros nos interesa en mayor cantidad. Esto se relaciona con el cómo vamos a plantar estos árboles y cómo se van a regenerar, por suerte es una especie que no tiene problemas de germinación, es capaz de soportar climas cálidos y largos periodos de sequía y aguantar temperaturas bajas, incluso helada. Probablemente vamos a tener que repoblar con muchas especies como el Quillay por el cambio climático, debemos hacer algunas modificaciones para disminuir el consumo de agua, pero seguir fijando carbono, manteniendo la biodiversidad y el hábitat para la vida silvestre. Esta es una especie que es particularmente apta para eso, entonces en aquellos lugares donde ya los pinos o eucaliptos van a ser sustituidos porque no conviene o no son de tan alta productividad, vamos a tener que repoblar con otra especie y el Quillay es una especie multipropósito. Mientras crece, fija carbono; todos los años bota las hojas, produciendo tierra de hoja y mejorando el suelo, son servicios ecosistémicos que se dan mientras este árbol crece. Cuando llega el momento de cosecharlo, le sacamos la saponina a la corteza y a la madera y con el material restante, se puede hacer pellet para usarlo como combustible más limpio, podemos hacer carbón activado, hay un montón de cosas que se pueden hacer, entonces es una especie, junto a otras similares, que nos va a dar mucha rentabilidad en otra forma, en otros tiempos, no tan rápido como un pino o un eucalipto, pero si lo manejamos bien, podemos proteger todas las quebradas y los cursos de agua con estas especies, porque ellas van a consumir poco y van a proteger y retener el agua cuando se produzcan las lluvias violentas. Estas especies, como muchas otras nativas, tienen requerimientos de viverización, de plantación y de manejo diferentes y los contratistas forestales van a tener un trabajo importante en estos requerimientos. Van a tener que adaptarse a hacer esos repoblamientos y restauraciones en áreas sensibles de las cuencas.

¿Podría ser un desafío para pequeños propietarios de bosque nativo?

Las plantaciones del pequeño productor tienen que tener algún tipo de subsidio porque son de muy largo plazo y no tienen respaldo económico para esperar los beneficios. Pasa lo mismo con otras especies que son más productivas como el raulí o el Coigüe, pero indudablemente hay que recuperar el bosque nativo.

No podemos decir que el Quillay es una especie maderera, pero su potencial está en los productos no madereros como la saponina, la tierra de hoja, la miel por sus flores, además de los combustibles como la leña y el carbón y todos los otros servicios ecosistémicos, que no se valorizan porque el mercado de las maderas nativas está por el suelo, en este momento es caro sacarla, no hay capacidades tecnológicos de procesar pequeños volúmenes, estamos tratando de trabajar en eso para tener productos de alto valor, tanto madereros como no madereros que están en el bosque nativo, hay muchas cosas por hacer e investigaciones que están apuntando a valorizar el bosque nativo, como es el aporte de la saponina del Quillay en la producción de vacunas.