LA FORMULA PARA UN DESARROLLO CON IDENTIDAD

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Los últimos acontecimientos, en que le costó la vida a un integrante de comunidades indígenas en el área de Temu – Cui Cui, da mérito para revisar el camino recorrido y tomar nuevas decisiones, teniendo como telón de fondo la relación de iniciativas privadas con comunidades mapuches, en especial, por las implicancias económicas que conlleva la actividad forestal.

Para que lo expresado comience a ocurrir, implica necesariamente, un cambio de enfoque en la forma de cómo ha estado operando la relación de las instancias privadas con el mundo mapuche. Durante algún tiempo, se ha observado que éstas han generado iniciativas para tratar lo mapuche, en la expectativa de una mejor relación, en la que ha habido importantes avances, haciendo que esta propuesta tenga datos en que apoyarse.

Cuando las iniciativas han sido configuradas desde los intereses de quienes quieren acompañar a las comunidades – como ha estado ocurriendo – es común escuchar que en dichos fines, se va a incorporar la cosmovisión mapuche, un detalle semántico que está indicando que algo que no se ha entendido. La “cosmovisión” no se incorpora, es mucho más de lo que se ha estado pensado, es todo. Es el modo de cómo las personas de las comunidades ordenan sus formas de vida, le otorgan calidad y abordan los procesos, no es un componente o algo que se lleva, es la expresión de cómo el mapuche asume la vida. La cosmovisión es el motor del desarrollo, en él están las dinámicas, los conceptos, los contenidos, los conocimientos que, en conjunto, operacionalizan el modelo operativo del patrón cultural, en la forma del Itrofil mongen, el modelo de vida.

Cuando un mapuche se presenta en sociedad, dice “in che ta” seguido de su nombre, que ha de ser traducido como “mi nombre es”. Su definición es algo muy distinto. En esa expresión él está indicando “yo soy y estoy”, el acto para hacerse presente, desde la condición del “ser”, con su impronta. Es el mecanismo por el cual la cosmovisión es puesta en escena, junto a la herencia de saberes de miles de años. Esto está señalando que la reivindicación esta permeada por el derecho a “ser”, algo muy distinto a lo que se ve.

Esta condición de “ser” habrá que leerlo en razón a identificar y respaldar el que los derechos legales y consuetudinarios del mundo mapuche, son más bien el derecho que tiene un actor mapuche a poner en valor su condición de ser y para actuar en relación con su territorio, la propiedad, en el uso y manejo de los recursos, con las correspondientes implicancias sociales ambientales y económicas.

Para esto, es menester la conformación de algo nuevo, en el trabajo de la sociedad con el mundo indígena, donde los actores implicados reconsideren sus objetivos en materia de relaciones con las comunidades. Un actor importante es el Estado, que en esta materia, su operación, esta cautiva en sus paradigmas históricos, que le ha impedido actuar con la claridad y celeridad que le corresponde. Otro actor lo constituye la instancia privada, que en su desempeño, necesita cierta normalidad para el logro de sus objetivos. Esta necesidad la coloca en la oportunidad de contribuir, en algo –lo que no está partiendo de cero-. Lo avanzado puede ser considerado como la plataforma para anclar lo nuevo. Una nueva fórmula, donde la empresa debiera tener más bien un rol de facilitador del proceso. Lo que se espera, es que los miembros de las comunidades sean los protagonistas, donde sus fines y el camino a recorrer, son construidos y evidenciados por sus miembros, con el apoyo pertinente que le puede proporcionar el medio, entre las cuales, está la instancia privada u otros actores de distinta connotación social, cultural o económica.

Una puesta en escena de este nuevo enfoque, implica un trabajo responsable mancomunado en un nueva mirada del territorio, en la que se establezca que lo más valioso que tiene una Región, no son sus recursos naturales, ni sus paisajes, ni sus ríos, ni sus lagos, ni otras cosas que tengan una connotación material, sino que son sus personas, pues ellas son las encargadas de poner en valor lo que la naturaleza ha deparado.

Por lo tanto, para este desafío toma un lugar preponderante el arte de la educación, 1) habrá que comenzar educando al corazón, para que aparezca la grandeza humana, la condición sine qua non para pensar en el logro de algo nuevo. Alcanzado esto, en su fase inicial; 2) habrá que continuar con el desarrollo de capacidades para la formación de competencias, para el manejo de la información, para la formación de nuevos conocimientos, el medio que hace posible la toma de nuevas decisiones, con el correspondiente desarrollo de habilidades, 3) el proceso se completa con la formación para que la persona, en este proceso, vincule sus resultados (productos) con el medio, para que el medio disfrute de los resultados de este proceso. Lo que se pretende, es la operación de un nuevo modelo de relación, para que las personas de una comunidad mapuche operen y gestionen sus esfuerzos, a través de una propuesta de valor, sostenida por la cosmovisión y donde sus resultados puedan diferenciarse del resto de la sociedad. La fórmula para un desarrollo con identidad.

Desiderio Millanao Antilef, Ingeniero Forestal de la Universidad Austral de Chile, Doctor (E) Universidad de Córdoba España.