LA NUEVA CONSTITUCIÓN: ¿EL CAMINO CORRECTO?

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Rodrigo Alejandro Ruiz Godoy, Abogado, Magister en Derecho Laboral, Magister en Gestión Educacional, y Responsabilidad Social Empresarial.  Especialista en Derecho Laboral y Previsional. Docente Universitario

El 18 de octubre del 2019 se marcó un hito en la historia de nuestro país. Aunque son múltiples las aristas de todo lo acaecido desde aquella fecha, en el ámbito del derecho un tema sobresale: la posibilidad de que Chile tenga una nueva Constitución.  Ad portas del Plebiscito que definirá esta cuestión, nos surgen algunas reflexiones sobre los motivos esgrimidos para propulsar el cambio de la Constitución y la historia reciente de nuestro país.

En primer lugar, se plantea que la Constitución vigente ha sido una “camisa de fuerza” que no ha permitido adoptar las políticas necesarias para superar los problemas estructurales del país. Creemos que esto es falso en la medida que, por el contrario, esta ha permitido un avance social sin precedentes en los doscientos años de nuestra historia republicana. No existe índice de desarrollo alguno que no haya mejorado ostensiblemente en los últimos treinta años (pobreza, movilidad social, exclusión, etc.). Incluso la desigualdad, el supuesto talón de Aquiles del “modelo” chileno ha sufrido una reducción moderado, en la línea de otros países de similares ingresos. De esta forma, la Constitución ha sido más bien un factor de desarrollo social y no un lastre como se quiere plantear.  Lo anterior no significa que nuestra Carta Magna no pueda ser reformada, incluso de forma sustantiva. Esto resulta obvio en la medida que, al igual que cualquier otra ley, el paso del tiempo va requiriendo ajustes en los cuerpos legales. El devenir social siempre va por delante de la evolución del derecho positivo.

Por otra parte, se aduce que el supuesto origen ilegitimo de la Constitución vigente no permitiría la necesaria cohesión social que una ley fundamental debe generar en un país. Es un hecho de la causa que el contexto en la que se dictó no fue democrático, pero lo cierto es que el actual cuerpo legal dista en forma sideral del texto aprobado en 1980. No se trata simplemente que lleve la firma de un Presidente elegido en forma democrática, sino que el contenido de la misma ha sido ampliamente modificado. Se ha producido un verdadero saneamiento constitucional, eliminado casi en su totalidad los resabios autoritarios que pudiesen haber prevalecido en el texto original. Y esto se logró en democracia, mediante reformas constitucionales nacidas de amplios pactos políticos. En definitiva, se vislumbran dos caminos que Chile podría recorrer en materia constitucional: El primero es el camino de reforma, el cual puede ser recorrido de forma rápida, segura y con un lugar de destino claro. El otro, el de la refundación (la “hoja blanco”,) suele ser mucho más pedregoso y puede guiarnos hacia una situación aún más compleja que la actual.

Por último, que queremos un instrumento jurídico salvador – Constitución-, que no existe, legitimar un instrumento o el mejor camino.