Lo forestal y el desarrollo de los territorios

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La importancia productiva y económica del sector forestal entre las regiones del Maule y Los Lagos es reconocida por todos. La contribución al Producto Interno Bruto de estas regiones refuerza esa importancia: en Biobío-Ñuble es un 14,3%; en Los Lagos un 5,9%; en la región de La Araucanía es de un 8,5%; en Los Ríos, un 4,5% y en la región del Maule es de 14,1%, (Odepa, 2019).

No obstante, estas cifras tienen otra cara menos alentadora. Según la Encuesta Casen 2017, las regiones forestales coincidentemente, son las que muestran los mayores porcentajes de población en situación de pobreza en el país. En Los Lagos, la pobreza alcanza un 11,7%; en Los Ríos es de un 12,1%; en el Biobío es de un 12,3 %; en la región del Maule, un 12,7%; en Ñuble es de 16,1% y en La Araucanía la cifra de pobreza llega al 17,2%. No cabe ninguna duda de que estas no son buenas noticias para los forestales, que estamos establecidos desde hace mucho tiempo en esos territorios generando trabajo y requiriendo muchos servicios de pequeñas y medianas empresas de estas regiones. No debemos pensar que somos los responsables de estas malas cifras. El sector forestal sí ha hecho un gran aporte al crecimiento y al desarrollo, quizás no el suficiente, ya que esta misma encuesta Casen muestra una disminución de la pobreza en Chile de 29,1% en el año 2006 a un 8,6% el año 2017.

Las causas que explican la pobreza o la condición de subdesarrollo social existente en dichas regiones, pueden ser analizadas desde distintas perspectivas. En lo que respecta al mundo forestal, prevalece el escaso contacto con los habitantes de la zona, la excesiva posición dominante y el priorizar muchas veces, cifras y números por sobre las personas, lo  que llevó a que se perdiera el rol fundamental que una industria debe considerar cuando se instala en un determinado territorio: SER PARTE DE SU DESARROLLO LOCAL.

A fines de la década de 1970, cuando se crearon las empresas de servicios y aparecen los contratistas forestales, se originaron muchos emprendimientos locales que generaron empleo en sus propias comunas. Esto significó un sustancial aporte para las economías locales y el crecimiento comunal. Con el correr de los años, gran parte de estos pequeños empresarios fueron desplazados del mercado debido a nuevas exigencias que se imponían a las faenas forestales: altos estándares de seguridad, mecanización de los procesos y aumentos importantes de la productividad. Como consecuencia de ese escenario reduccionista, actualmente un contratista de la zona forestal del Biobío también puede realizar sus faenas en la región de Valdivia. Entonces, cabe plantearse la siguiente pregunta ¿Cuál es el aporte a la economía local que hace este contratista, cuando los trabajadores o colaboradores no son originarios de esa zona y que además la faena forestal no compra ni un perno en el comercio local?

Entonces, ¿Qué hacer para producir un desarrollo local real? Necesariamente el sector forestal debe volcarse hacia los territorios, a sus habitantes y potenciales trabajadores; hacia los contratistas, pequeños y medianos empresarios locales, incentivar el consumo de insumos y servicios, apuntando sus esfuerzos de desarrollo y apoyo hacia las comunidades, sectores rurales o pueblos. Además se debe retomar un modelo de administración descentralizada, para favorecer finalmente el bienestar, el crecimiento social y educacional de una determinada localidad de la región y con ello, producir una mejora en la calidad de vida de las personas y como consecuencia, una disminución de la pobreza. Creemos que este modo de actuar es la única forma de generar IDENTIDAD y PERTENENCIA en las regiones, lo que equivale a ponerse la camiseta y a querer como propio un sector productivo.

Aún queda tiempo para que, como sector, nos podamos replantear el futuro modelo. Como contratistas forestales estamos dispuestos a poner nuestro grano de arena.