Luis Yancamán, Operador de torre de madereo

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Es una historia larga el cómo empezó en el rubro forestal “el Yanca”, Luis Yancamán, operador de torre de madereo en Forestal Kupal de Carampangue. Primero como Brigadista de incendios, luego como celador de maquinarias en el bosque, hachero, operador de cargador frontal, de Feller, como estrobero y chofer, poco a poco fue aprendiendo a manejar las torres que retiran los árboles cosechados en las pendientes de la Cordillera de la Costa, en la región de Biobío.

“Me pasaron varios chascarros tratando de aprender y así fui practicando y con bastante ingenio. El operador titular me empezó a enseñar, igual como un pollito tomas un palito y los vas acomodando, me decía. En un momento echaron a un operador y yo dije, jefe yo soy operador y ahí empecé. Como yo era hiperquinético, me fui de hachero en la cancha cortando ganchos y ahí me ganaba dos sueldos y como yo estaba recién casado, usted sabe, teníamos poquitas cosas, mi esposa era tan inteligente que yo le pasaba la plata y ella la iba guardando. Yo trabajaba con Coserfo, después estuve en Alborada trabajando y volví a Coserfo, que luego quebró y de ahí me fui a Kupal. Llegué a los tractores primero y yo no era rogado para trabajar, lo que viniera no ma’, lo importante era que no le faltara nada a mi familia y, gracias a Dios, hace 13 años estoy en la misma pega.”

“Claro que de primera yo pasaba altos y bajos, pero después se me compuso mejor cuando entré a Kupal porque, es una empresa buena, me refiero a que ganamos buenas remuneraciones, inclusive fui hasta dirigente por 4 años en el sindicato. Empezamos a estar bien desde un principio en Kupal, fue excelente Don José Miguel de la Jara, el contratista. Siempre ha dicho que a los trabajadores los quiere tener bien, en el primer momento empezamos a ganar dinero altiro  y ahí nosotros empezamos a surgir.”

“Estoy feliz, todas las cosas que he tenido es gracias a mi trabajo y la cooperación de mi esposa también, si no fuera por ella no tendría lo que tengo actualmente, no es mucho pero igual, gracias a ella porque siempre fue sigilosa, yo he siempre he dicho que el matrimonio es una empresa, yo trabajo y ella, Alba Luz Fontalba Ruiz es la administradora.”

“Toda la vida he sido de Curanilahue, nacido y criado. Yo estaba estudiando cuarto medio cuando me llevaron los milicos a hacer el servicio militar y hasta ahí llegó el cuarto medio. Después dije ¿para que seguir estudiando más? y me puse a trabajar hasta la fecha. Estoy feliz y contento con mi esposa y mis hijos. Son dos hijos de 30 años el mayor y el menor de 27 años. Tengo una nieta llamada Lissete, bueno… usted sabe que ahora cuando se juntan es puro amor, y de repente pelean y queda ahí el fruto. Hace un año que no la veo por la pandemia.”

“Formamos una linda familia, mi hijo mayor estudio técnico en enfermería, pero no resultó y yo le dije: hijo lo que quiera estudiar y yo apechugo, y se metió a Kinesiología en la Universidad de Concepción y está a punto de dar la práctica en el Hospital Regional. Ellos no quisieron seguir algo relacionado a lo forestal, tal vez porque cuando chicos me vieron que llegaba todo mojado, y es lo que ellos sienten porque yo nunca le exigí, solo lo que salía de ellos.”

“Porque antes el trabajo era sacrificado, no como está ahora. Se ha superado en un 100% como era antes, porque para almorzar nosotros teníamos que llevar la colación y para comer teníamos solamente una carpa y un mesón y ahora tenemos comedores, por ejemplo, en el invierno  nos llegan los termos calentitos. En el momento de trabajar estamos más seguros, inclusive tenemos una barrera dura y una pantalla donde yo veo donde están mis colegas y si hay alguien cerca de la máquina, suena, se prende una luz roja de peligro y la máquina se bloquea para evitar accidentes.”

“Con el tiempo uno se va especializando de a poco, porque todos los días uno está aprendiendo algo, hay otros que te pueden enseñar algo nuevo, nunca hay que mirar en menos a otra persona, a un cabro que viene llegando como Estrobero y puede saber más que uno. Ellos pueden aprender de mí y yo de los demás.”

“Quiero mandar un saludo a todos los forestales y, en especial, a mi cuadrilla que está trabajando actualmente que es la 233 de Kupal que son los muchachos de Antihuala, y es una amistad grande que tenemos, uta somos como una familia, si hay algún problema, un condoro coloquémosle, a nadie le echamos la culpa sino que nos preocupamos de solucionar el problema porque son excelentes personas, no hay groserías en nuestra cuadrilla y casi la mayoría son convertidos.”

“He estado en peligro cuando nos hacen atentados en las faenas, me ha pasado tres veces trabajando, la primera vez que fuimos atacados quemaron las máquinas y la segunda vez fue pasadito de Quidico, donde nos dispararon y varios colegas míos salieron heridos y yo me escapé porque pal’ lado del parabrisas donde voy sentado, coloco mi bolso y todos los perdigones quedaron en mi bolso. Tengo un colega que se salvó por 5 centímetros en el cuello, que pasó rozando la bala y le rompió un poco el hombro, sino le habría llegado en la yugular. Y la última que pasé, estábamos del Museo Mapuche pa’ arriba en Cañete y yo sentía olor a humo, pero seguía trabajando y ¿sabe qué? yo soy creyente, siempre doy gracias todos los días antes de salir… yo oro a mi Dios y le digo que nos cuide nuestra máquina, a cada colega de trabajo, de todas las empresas y ese día fuimos a trabajar y quemaron todas las torres, la única torre que no quemaron fue la mía, incluyendo el cargador, a 50 metros había una camioneta y también la quemaron. A mi torre no le pasó ni una cosa, yo sentí cuando empezaron a disparar cerca, apague el motor y salí arrancando con el operador del cargador.”

“La familia está preocupada porque, ahora mismo donde estamos trabajando, no sabemos si vamos a volver o no, porque puede pasar cualquier cosa y ahí es donde está la preocupación de ellos y no solamente mi familia, si no que de toda la familia forestal.”

Saludamos y agradecemos a Luis Yancamán por su alegría, tesón y esfuerzo como trabajador forestal.