PLANTACIONES FORESTALES EN LA LUCHA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO

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Marcos Tricallotis, PhD en Gestión y Manejo en Recursos Ambientales, Especialista en Política Ambiental

La deforestación y el cambio climático son considerados como las principales amenazas ambientales del último siglo. Ambos problemas están relacionados. De hecho la deforestación – de grandes masas de bosques nativos o naturales – es considerada como la segunda gran fuente de dióxido de carbono en la atmósfera, de origen humano, y un contribuidor principal al cambio climático. En este sentido, a pesar de que las plantaciones forestales pueden tener efectos sociales y ambientales negativos, cuando son bien manejadas no solo ofrecen beneficios económicos y sociales, sino que también importantes servicios  ambientales. Entre los más importantes están contribución a la conservación de biodiversidad (ver ejemplo en figura 1), servicios recreacionales, reducción a la presión de deforestación en bosques naturales y su rol de “secuestrador” de carbono atmosférico (CO2) combatiendo el cambio climático.  Por razones de espacio me referiré solo a esta última función ambiental.

Figura 1
Figura 1. Plantación de eucaliptus sobre 15 años, que posibilita desarrollo de sotobosque de especies nativas, contribuyendo a la “biodiversidad bajo dosel” de diferentes especies vegetales y animales.

De esta manera, mediante el proceso de fotosíntesis los bosques, ya sean estos naturales o plantados, contribuyen de manera importante en el secuestro o absorción de carbono desde la atmósfera sirviendo como “sumideros de CO2”  en su biomasa. El carbono así secuestrado se convierte en ramas, troncos, hojas, y raíces que se almacenan en esta biomasa. Si se mira en la figura 2, en el balance anual de carbono en la biosfera (es decir, la Tierra considerada como sistema vivo), los bosques juegan un papel altamente relevante secuestrando anualmente 2.5 a 3 Giga-toneladas (Gt) (unidad para expresar billones de toneladas) de carbono, particularmente desde bosques tropicales según un estudio de la NASA de 2014. De estas 2.5 a 3 Gt, según el Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático (IPCC), los bosques plantados podrían remover desde la atmósfera alrededor de 1.1 a 1.6 Gt de CO2 por año.  Este rol, es muy importante – aunque claramente no suficiente – para contrarrestar las emisiones de CO2 por las actividades industriales humanas que pueden llegar incluso hasta las 29 Gt.  Un dato interesante, es que según estimaciones de la FAO, las plantaciones forestalesconstituyen solo entre 7 a 10% de la masa forestal a nivel mundial y la mayoría de estas han sido plantadas en lugares donde no existían bosques naturales, al menos en años recientes.

figura 2
Figura 2. Balance de carbono (CO2) en la biosfera (números en Gt).

Más aún, las plantaciones forestales pueden crecer relativamente rápido, absorbiendo CO2 a tasas más altas que los bosques naturales. Estas tasas de secuestro de CO2 son mucho más altas en bosques jóvenes que en aquellos más viejos, alcanzando además valores mayores con la intensidad del manejo forestal. En resumen, dentro de las medidas para aumentar el aporte de las plantaciones forestales están (a) crear nuevas plantaciones forestales para incrementar los sumideros o “stocks” de carbono, (b) manejar apropiadamente el tiempo de las rotaciones de los rodales, (c) manejar la intensidad del raleo, (d) mejorar el crecimiento de la biomasa arbórea, (e) apropiada elección de las especies de árboles, (f) manejar el tratamiento de los residuos forestales, y (g) proteger los bosques plantados de amenazas naturales o artificiales (ejemplo: incendios).

¿Qué pasa en Chile?

Un estudio de la ODEPA en 2010 en plantaciones bonificadas por el DL 701 de 1974, analizando el período 1974 a 2005, determinó, en una muestra de 883.524 hectáreas de pino radiata y 270.163 hectáreas de eucaliptos, que estas almacenaban como inventario de biomasa unas 122 millones de toneladas de CO2. En este inventario no se cuentan la absorción neta que se remueve de la atmósfera cada año y que eleva estas cifras: de hecho más de 200 millones de toneladas de CO2 son secuestradas cada año por las más de 2.4 millones de hectáreas totales de plantaciones forestales chilenas, representando entre un 20 a 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero del país (principalmente CO2). Es interesante además señalar que las plantaciones de eucaliptos concentran la mayor cantidad de carbono secuestrado por hectárea.  Consecuentemente, se puede concluir que el establecimiento del DL 701 ha tenido un importante efecto ambiental positivo, más allá de la recuperación de suelos degradados, sino que también en su rol para combatir el cambio climático. Sería importante por tanto establecer nuevos incentivos para el establecimiento de plantaciones forestales en terrenos degradados, particularmente enfocados en pequeños propietarios: según proyecciones de INFOR estas podrían llegar a un potencial de 2.5 millones de hectáreas adicionales a nivel nacional.

Políticas forestales para el cambio climático

Actualmente, desde la entrada en vigor del protocolo de Kyoto – durante la pasada década de 2000– que estableció un compromiso que los países industrializados redujeran en un 5% sus emisiones entre 2008 a 2012, los bosques plantados cobraron un valor crucial en el combate al cambio climático. Esto ha permitido la entrada en vigor de los “Mecanismos de Desarrollo Limpio” (MDL), dentro de los cuales los mercados de bonos de carbono (CO2) han permitido a empresas en países desarrollados adquirir “bonos” como mecanismo de compensación de emisiones. Más recientemente, en 2015 durante la Cumbre de París, la comunidad internacional se trazó 17 ambiciosas “Metas para el Desarrollo Sustentable” (MDS) a 2030. La MDS Nº 13 establece que la acción contra el cambio climático es una de ellas: aquí cobra relevancia la forestación y el manejo forestal sustentable para generar sumideros o reservorios de carbono. En resumen, todos estos instrumentos de política internacional contra el cambio climático han significado mejores y más variadas alternativas para el financiamiento de proyectos de desarrollo relacionados con la reforestación en base a bosques naturales o plantados.

Bibliografía