UNA MIRADA A LA REFORMA LABORAL: ¿UN AVANCE O UNA OPORTUNIDAD PERDIDA?

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Fuente foto: https://www.benezoom.com/single-post/2016/04/07/Reforma-Laboral

La Reforma Laboral goza de un aspecto poco común: es rechazada tanto por el empresariado, como por la mayoría de las organizaciones de trabajadores. A esta altura, sólo el Gobierno parece defender una propuesta que no satisface las aspiraciones de los actores relevantes del mundo del trabajo.

Rodrigo Ruiz Godoy, abogado especialista Derecho Laboral, asesor Asociación de Contratistas Forestales.
Rodrigo Ruiz Godoy, abogado especialista Derecho Laboral, asesor Asociación de Contratistas Forestales.

Sumado a lo anterior, el proyecto presentando originalmente mantenía evidentes visos de inconstitucionalidad, lo cual fue refrendado por el Tribunal Constitucional. Aunque el Gobierno aún intenta superar este bache, resulta claro que el historial legislativo de este proyecto dista mucho de lo que debiese ser la discusión de una reforma de suma importancia para el desarrollo económico y social del país.

En general, las reformas laborales aprobadas anteriormente en Chile cumplían ciertos requisitos fundamentales. En primer lugar, nacían de una suerte de consenso mínimo entre los trabajadores y el mundo empresarial. Basta recordar los “Acuerdos Marco” a principio de los noventa o la “Reforma a la Subcontratación” hace algunos años.

Por otra parte, éstas no se concentraban en un sólo aspecto, que es lo que sucede en el documento presentado respecto a los sindicatos; sino que incluían variadas temáticas como la promoción del empleo femenino y juvenil, la flexibilidad laboral o los nuevos enfoques en materia de trabajo a distancia.

La nueva ley pudo incorporar un acápite especial para casos de subcontratación, específicamente en lo referido a la responsabilidad de la empresa principal en materia de huelga, que ya no tiene responsabilidad alguna con la reforma versus la referencia que efectúa sobre la responsabilidad de las empresas contratistas, lo que sin duda habría constituido un significativo avance, y no solamente eximir de esta a las empresas principales sin expresión de causa y lógica alguna, violentando así, la doctrina que por décadas mantuvo la Dirección del Trabajo.

La Ley contempla un párrafo VII sobre “Limitaciones al Ejercicio del Derecho a Huelga” en el cual efectúa una referencia a los servicios mínimos y equipos de emergencia, es decir, el gripo de personas mínimas que impidan que con la huelga se produzcan daños irreparables. Particularmente sobre el primer punto (servicios mínimos) la técnica legislativa es engorrosa y poco feliz, ya que, a pesar de tener la virtud de mencionarlo expresamente, su desarrollo es obscuro, dudoso y abre campo para diversas interpretaciones que, a la larga, se traducirán en distintas prácticas indeseables, con todos los conflictos que ello acarrea, peor aún su implementación resulta engorrosa y difícil.

Respecto a las bases mínimas de negociación que se permite generar a los Sindicatos, la ley regula lo que denomina un “piso de negociación”, por cierto criticable desde el punto de vista del lenguaje utilizado por el legislador. Hace referencia a la preexistencia de un instrumento colectivo vigente, pero finalmente enumera una serie tan amplia de ítems excluidos que terminan por atomizar completamente la idea inicial de piso de negociación, donde por un lado inhibe abiertamente la contratación y la libre negociación y, por otro, no garantiza realmente beneficios remuneracionales adquiridos, en atención al amplio temario de exclusión señalado precedentemente.

Por último, cabe destacar que las discusiones sobre reformas al mundo laboral han tendido a espaciarse en el tiempo. La incertidumbre en la inversión que generan hace poco recomendable ingresar nuevas leyes de forma continua (especialmente en contextos de desaceleración económica como el actual). En palabras simples, luego de la aprobación de este proyecto, probablemente deban pasar algunos años para iniciar un nuevo debate.

En conclusión, todo hace pensar que Chile ha perdido la oportunidad de promover cambios positivos en el mundo del trabajo, los que habrían podido generar un impulso determinante para sobrellevar el actual periodo de “vacas flacas”. Resulta oportuno esperar que los próximos gobiernos puedan generar un acuerdo de mayor transversalidad y rectificar el rumbo perdido.