¿Y si usamos las aguas lluvias para regar las áreas verdes de las ciudades?

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Dr. Ing. Roberto Pizarro Tapia, Director Cátedra Unesco en Hidrología de Superficie, Universidad de Talca. 

El proceso de urbanización produce un cambio importante del uso del suelo, aumenta la superficie impermeabilizada lo que afecta el ciclo hidrológico. Algunos de estos efectos son la disminución de la infiltración, de la capacidad de retención y la creación de nuevos cauces de escurrimiento, entre otros. De esta forma, los cambios en el comportamiento de las aguas lluvias urbanas generan externalidades negativas aguas abajo, las que generalmente no están consideradas en el diseño y operación del sistema de drenaje en la cuenca inferior.

En zonas urbanizadas, cuando ocurren eventos con lluvias intensas, se pueden verificar los siguientes impactos negativos (MINVU, 2005):

  1. a) aumento en la frecuencia de las inundaciones
  2. b) mayores aportes de agua sobre áreas ya consolidadas
  3. c) obsolescencia del sistema de drenaje aguas abajo, a mayor desarrollo de la zona superior
  4. d) deterioro de los cauces receptores por erosión y sedimentación excesiva
  5. e) aumento de la carga contaminante en los sistemas naturales de drenaje.

Asimismo, algunas ciudades tienen una red de colectores de aguas lluvias y otras poseen solo un sistema colector unitario que no es suficiente para la evacuación del caudal pluvial circulante. Por ello es que frente a eventos intensos de lluvia, una parte de las aguas escurren por las calles y se depositan en zonas bajas, afectando obras civiles y, en el peor de los casos, la vida de las personas. A esto se suma que las áreas verdes son regadas con agua de ríos y canales, aguas subterráneas e incluso agua potable; pero estas disponibilidad ha disminuido por las sequías, las mayores demandas o la disminución de la oferta lo que se traduce en un aumento del gasto municipal.

Por otra parte, las áreas verdes generan muchos beneficios y mejoran la calidad de vida de las personas. De esto da cuenta el alto desarrollo de la silvicultura urbana o los también llamados bosque urbanos, que aportan no solo recreación y esparcimiento, sino también islas de resistencia al calor en escenarios de cambio climático. En este sentido, las áreas verdes de gran tamaño contribuyen efectivamente a la regulación de las inundaciones ocasionadas por la acumulación de aguas lluvias, ya que mantienen una alta permeabilidad del suelo. No obstante los beneficios que generan las áreas verdes para una ciudad, éstas traen consigo la necesidad de contar con un mayor volumen de agua para riego, situación que se torna más crítica en la época estival y en el actual contexto de sequía. En este sentido, las dificultades para contar con un adecuado abastecimiento de agua, reduce las intenciones de los municipios por incorporar una mayor cantidad de áreas verdes.

Si las aguas lluvias pudiesen ser colectadas adecuadamente y constituirse en una nueva oferta de agua para el abastecimiento de las áreas verdes, entonces no solo se estaría dando la posibilidad de mantener y/o incrementar las superficies verdes de las ciudades, sino que también se incorporarían externalidades muy positivas como las referidas a la disminución de los caudales circulantes y con ello, la reducción de los costos y los impactos negativos de dichos caudales aguas abajo. Pero también se abre la posibilidad de generar elementos de infiltración de aguas lluvias y de recarga de los acuíferos, teniendo la seguridad que la calidad de las aguas permite llevar a cabo este proceso.

  Esta dimensión de uso de los sistemas de captación de aguas lluvias, conocidos como SCALL urbanos o sistemas de acumulación de aguas lluvias, es una apuesta por la cual Chile debería apostar, ya que no es posible pensar en el uso de agua potable para el riego de áreas verdes urbanas en el actual escenario y, sobre todo, en esquemas de menor oferta de agua como producto del cambio climático.

En el contexto descrito, los sistemas de SCALL urbanos son una apuesta que puede generar una propuesta técnica y ambiental para la captación y almacenamiento de las aguas lluvias y su posterior uso en áreas verdes en zonas urbanas de la comuna. Para ello es necesario llevar a cabo estudios hidrológicos que permitan establecer una categorización de las intensidades de lluvia en función de los impactos físicos que tales intensidades generan en el medio ambiente urbano; asimismo se debe estimar cuantitativamente la transformación de la precipitación caída en zonas urbanas (montos e intensidades) en caudales circulantes con el fin de conocer las dimensiones hidráulicas de dichos caudales; y finalmente es preciso determinar la factibilidad técnica y ambiental del uso de las aguas lluvias en las áreas verdes de una determinada comuna, por ejemplo, a través de la estimación cualitativa y cuantitativa de las aguas potencialmente utilizables.

Para conseguir lo anterior, lo que se necesita metodológicamente es recopilar los registros de lluvias, a fin de desarrollar una base de datos, desde donde se construyen curvas Intensidad-Duración-Frecuencia, que permiten analizar las intensidades de lluvias más desfavorables que ocurren en la zona de estudio. En paralelo, se deben identificar los eventos de lluvia que han generado los mayores destrozos, en base a registros históricos, con el fin de establecer una categorización de impactos. Posteriormente, en terreno se deben establecer cuencas urbanas para la medición cualitativa y cuantitativa del agua circulante, con el fin de definir montos y calidad de las aguas lluvias. Esto último es muy importante para definir con qué calidad de aguas se regarán las áreas verdes.

Evidentemente cada situación definirá las necesidades para habilitar y construir las obras necesarias para conducir y almacenar las aguas lluvias. Y ello, porque las lluvias caen principalmente en el periodo invernal y las necesidades de agua para las áreas verdes se producen principalmente en el periodo estival; por ende, se deberá plantear una opción de conducción de estas aguas que pasa por la inundación de áreas verdes preexistentes, para su posterior infiltración, o por la propuesta de acumulación de grandes volúmenes. Adicionalmente, también se pueden implementar SCALL urbanos en edificios públicos o privados, los que podrán acumular las aguas captadas sobre su superficie, para posteriormente acumularlas en estanques debidamente construidos, desde los cuales se podrá usar en el riego de las áreas verdes. Así, será posible recomendar estrategias de utilización de aguas lluvias en áreas verdes, a través de una propuesta tecnológica que permita su almacenamiento y uso posterior.

Lo que he planteado es una realidad en diversas ciudades de Estados Unidos, en el Estado de Arizona en donde inclusive estas actuaciones son bonificadas por las empresas sanitarias, con el fin que los usuarios se animen a desarrollar estas tecnologías y con ello se evitan las demandas por agua potable para el riego de áreas verdes. Y esto no solo puede ser parte de una política pública en que participen las instituciones del Estado, sino que también puede ser un incentivo para la actuación de organizaciones de la sociedad civil. Estas organizaciones de la sociedad civil pueden aportar trabajo en sus propios vecindarios con el fin de reducir el nivel de las áreas verdes con respecto a las calles por las cuales circula el agua. De esta forma, en el periodo de lluvias las aguas en su circulación fluirán por las calles, pero serán desviadas hacia estas zonas con desnivel, regando las áreas verdes. A la vez se consigue una disminución del caudal circulante en las calles y un menor   impacto del mismo en zonas bajas. Si esto se combina con la selección de especies arbóreas que son parte natural del territorio en que se establecen estas obras, los árboles tendrán el agua necesaria para su sobrevivencia y obtendrán aún más, por el efecto de las aguas lluvias, asegurando su supervivencia y reduciendo los volúmenes de agua de calidad que debe ser destinada a estas áreas.

Debo decir que estas ideas las hemos planteado en diversos fondos concursables de proyectos de investigación y, hasta la fecha, nunca han sido financiadas. La razón es desconocida, pero seguimos intentando. Y es necesario tener proyectos de investigación previos, porque se necesita conocer y resolver algunas interrogantes que solo el rigor científico y técnico puede y debe abordar. Y ello, porque proyectos de investigación aplicada como estos pueden validar científica y tecnológicamente el uso de las aguas lluvias urbanas para el riego de áreas verdes, disminuyendo los costos de mantención de dichas áreas en escenarios de incertidumbre climática y de restricciones hídricas. Además, al disminuir los caudales circulantes, disminuyen los costos de diseño y construcción de obras de evacuación de aguas lluvias, adicionado a un menor impacto de estas aguas en obras civiles y personas.

Finalmente, de esta manera se generará un conocimiento adecuado para establecer políticas públicas coherentes en tiempo y espacio, que permitan una reducción de los consumos de agua en áreas verdes, incrementen la superficie de estas zonas en nuestras ciudades, ayuden a combatir el cambio climático y hagan a nuestras ciudades más dignas de vivirlas y más amigables en términos ambientales.

Fotografías del Dr. Pablo García-Chevesich